sábado, enero 25, 2014

Sí, creemos... y aquí queda reflejado

Las risas empezaron otra vez en misa, no por ser irreverentes, pero resulta que en muchas ocasiones nos juntamos en la iglesia, y juntos es fácil que salte la chispa.

Bueno... También es que a veces nos lo ponen fácil. Como en el bautizo de Juan Carlos, que le pusieron un pañolete en tó el cabezo, y el cura se enfadó porque nadie se aguantó la risa... La tita Amalia se salió de la iglesia y todo de la risa que le dio... El bautizo fue tardísimo, unos días antes de la comunión, según el tío José, que dice que Juan anduvo solico hasta el altar y todo. Juan dice que se acuerda.

O como en la boda de David, que el sacerdote se confundió y empezó a leer un trozo de funeral y así rogamos todos a Dios que tuviera a los novios en su gloria. Amén.

Al caso. Que aquí estábamos de nuevo reunidos para una misa, los que pudimos: el bautizo de Celia (que lissssta y que bonica por Diossss).

Mamá y yo llegábamos de Madrid a la estación y, al ver que se nos hacía tarde, pensamos en coger un taxi en vez de hacer a los tíos pasar a por nosotras. Pero en esto, que los tíos ya estaban en doble fila esperando en la estación y recibí un Wass: Nena, que estamos aquí en el coche rojo! Me sientes?

Yo no la sentía, la verdad.

Pero de repente vimos una cabeza con el pelopincho así p'arriba, que diría la Abuela. Y era el tío José Miguel. Allá que nos fuimos corriendo. Y en segunda fila en pleno centro y entre pitos (literal) y flautas (figuradas) abrimos el maletero para abrir los asientos de atrás- por la inercia allá que iba mamá y le dije "¿Ande vas?", y se metió mi primi Miguel. Las otras cuatro nos apañamos en el asiento de detrás aunque se nos arrugaran los vestidos.

Salimos chaspeaos de ahí, con el Subarú del Chache siguiéndonos. Ellos llevaban la banda sonora de la Abuela, que les iba narrando cantares de la post-guerra y avisándoles, según pasaban poblachones, de los que fueran los dominios del tío Agapito.

Salimos tirando hacia la Avenida Casa de- digo, Costa Blanca, y en seguida llegamos. Esto ya está dominado.

Nos dimos besos, nos hicimos fotos, algunos soltaron orín que acumulaban desde Castilla-La Mancha... Y nos fuimos todos, requeteguapisisisimos andando a la iglesia.

En llegando dijo la madre (mi prima Blanca): "¡Se nos ha olvidado la concha!" Y el padre de la criatura, tan dispuesto, se ofreció a ir a buscarla. "Está en el cajón". Y como todos sabemos que en las casas solo hay un cajón, EL cajón, pues se fue la madre a por ella... Y la madrina quiso irse detrás.

Por Dios, que no empiece esto que no hay ni madre, ni madrina, ni la concha de su madre...

Al llegar a la puerta de la iglesia nos reencontramos con la familia Ots, o mejor dicho, con los Ots, nuestra familia. Pero no nos apuramos por la espera, pues el cura había dejado recado de que se había ido a desayunar.

Al poco llegó la madre, con su concha y su marido, que por 'cajones' había acudido al rescate. Mientras esperábamos al cura, de pronto se abrió la puerta y salió un atípico Sacristán (un morete en chándal) a decirnos que fuéramos entrando.

Mi prima pequeña -dos cabezas y unos tacones más alta que yo- empezó con sus inocentadas. "¿Es que el cura es musulmán?"

Nos sentamos en los bancos primeros. Al ver al Cristo, esgurrumío en su cruz, mi prima siguió: "¡Anorexia!" Y eso que yo me había propuesto aguantarme la risa en esta misa.

Blanca vino a preguntar que si alguien se hacía voluntario para leer. Yo me ofrecí a la vez que mi madre, así que le dije, "Ve tú."

Menos mal.

La lectora hizo de monaguillo: el cura le decía por lo bajínis "Aquí, aquí" y mi madre leía, se quedaba de pasmarote sin permiso para moverse y volvía a leer, pidió perdón al equivocarse de estrofa, luego mojó un algodoncete de bautismo e intentó cerrar la cajita mientras el cura seguía con la misa, y se metió de lleno en el papel cuando se acercó al micro diciendo "Hermanos..." Pero cuando quiso arrancarse con el Padre nuestro, ahí ya sí que ya.

Los bancos de los Primis temblaban de risa. No sólo por mi madre Súper Monaguilla, sino que se juntaron una serie de circunstancias...

El Padre empezó diciendo que nos estuviéramos todos sentados, que si nos empezábamos a levantar y sentar no nos íbamos a enterar de nada, ni nosotros ni él.

Después dijo que todos llevábamos el diablo dentro, que puede ser verdad - yo qué sé- pero de repente empezó a hablar de la peli de El Exorcista y, entonces sí, empezamos todos a convulsionarnos de risa como si fuera verdad.

El padrino fue a encender la vela y al volver a su sitio tropezó, haciendo un ruido y eco del demonio (eeeh) y al pasarle la vela a la madrina.. Hubo un poco de confusión. Eh, la vela.

Después pasó a la madre, y ésta se la dio al padre que ya se la quedó. Ea, cada uno que aguante su vela.

A todo esto mi madre seguía haciendo las veces de monaguillo. En esos momentos sí que le dí gracias a Dios por no haber sido yo, porque se podría haber liado buena desde el altar mayor. Y eso está feo.

En los responsos el cura se auto-respondía: ¿Creéis en Dios todo poderoso...? Sí, creemos.

El cura proseguía con su discurso y, tras una pausa comenzó: "Ahora el sacerdote se acerca a la niña y hace la señal de la cruz". Mientras mis primos y yo nos preguntábamos en silencio si el cura estaba leyendo directamente las instrucciones, mi prima Carmen me preguntó: "¿Entonces el sacerdote quién es?"

El musulmán.

En el momento del bautismo -¡con la concha!- la nena no dijo ni mú (que buena y que bonica por Diossss)... Mientras el cura le echaba un chorro: En el nombre del padre. Otro: En el nombre del hijo. Y un tercero para rematar: Y del Espíritu Santo.

¡Amén! Que pensábamos que a la siguiente ya le hacía una aguadilla.

La Abuela dijo después que ella se preguntaba a veces: "¿Y para qué estoy yo aquí, Señor? Pues para rezar por vosotros. Pero a ver si un día me voy a cansar."

A estas durísimas declaraciones le siguieron las risas y besos de sus nietos, pero le precedieron unas preciosas palabras de mi prima mayor, la madre de Celia, de nuestra Blanqui:

A todos a quienes agradeció, agradecemos todos. A todos a quienes declaró su amor, lo compartimos todos. De Celia, su hija, dijo que vino a la vida para salvar la suya... Y así fue. Nuestra pequeña super heroína, aunque aún no lo sabe.

Nos mencionó a todos, porque a todos nos quiere. Luego dijo "Y a Palomilla, por sus palabras". Y muchas veces es lo único que he podido ofrecerle, aunque le habría dado todo... Y me dijo que sí, que yo era "él sin bigote".

Lo que quizá ella no llegase a entender hasta ahora mismo es que ella, por ese sencillo pero difícil gesto que hacía ante todos, también se parecía... Blanca es un poco "sin bigote" también.

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Después, como la familia manda, nos fuimos todos de bureo, a comer, a reír, a echar de menos a los que faltaban, y a comentar las jugadas.

- Nena, esto tiene que quedar reflejado, ¿Eh?
- Vamos, el blog va echar chispas.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Ea! Ya la habeis vuelto a liar!

1/25/2014  
Anonymous Anónimo said...

Genial, como siemprehttp://el-condor.blogspot.com.es/2014/01/si-creemos-y-aqui-queda-reflejado.html?m=1

1/26/2014  

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